GRUPO DE ESTUDIO

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Complejidad y Estética

Propuesto por: Carlos Eduardo Maldonado

Sesión #6

Fragmento:

INTRODUCCIÓN

LIBRO ESTÉTICA Y COMPLEJIDAD

Elementos para un estado crítico del arte

 

Este libro es el resultado de procesos emergentes; como tiene que ser, congruentes con el tema que anuncia el título.

Un grupo originalmente amorfo de artistas, diseñadores, arquitectos, músicos y filósofos se reúnen a partir de una invitación o convocatoria de Suratómica. Carlos E. Maldonado propone, dentro del abanico que abre Suratómica un grupo de estudio e investigación sobre estética y complejidad y resulta la amalgama que da, ulteriormente,lugar a este libro.

Pues bien, lo que inicialmente fuera un fenómeno amorfo va organizándose a sí mismo ( = autoorganización) –por consiguiente de manera perfectamente horizontal-, a partir de fortalezas, gustos, preferencias, capacidades. Unos trabajando complejidad y estética de forma consistente de tiempo atrás; otros, con formación en artes y un subsiguiente interés por la estética, pero amateurs con respecto a la complejidad; y otros más, en una actitud estética –literalmente- coqueteando con un tema o con otro, abiertos a lo imprevisto y lo casual. En cualquier caso, resultaron muy pronto sinergias fundadas en una posibilidad planteada desde el comienzo: trabajar en un estado del arte sobre complejidad y estética.

Inicialmente todos nos dimos a la tarea de buscar tantos textos como fuera posible sobre las relaciones entre ambos polos; en español, inglés, alemán o lo que pudiéramos encontrar. Compartimos los textos en un drive, evidentemente abierto a todos, de suerte que cada quien pudiera beneficiarse con lo que cada cual iba aportando. La meta señalada desde el punto de partida fue el de escribir un libro colectivo; en este caso, a veintidós manos.

El grupo se reunió todas las semanas, dos horas, aprovechando el confinamiento debido a la pandemia del Covid-19durante diez semanas y, a partir de exposiciones del Coordinador del grupo –y de este libro-, resultaron encuentros, diálogos, preguntas, asombros. Sin embargo, en todos los casos, fue siempre claro que el tema planteado era –y sigue siendo-, el estado de la cuestión de un vacío. Pues lo que conocíamos, lo que fuimos encontrando y se fue compartiendo era/es parcial, externo, o incluso equivocado. Y sin embargo, era evidente que “la complejidad”, tanto como “la estética” estaban “allí”, a la mano, al alcance de todos, en la atmósfera de los tiempos. Se trató, en todos los casos de la presencia de una ausencia; la persistencia de un vacío. La estética arrojó luces desde el inicio.

Al cabo de varias semanas, los textos en el drive iban apareciendo, unos; otros iban creciendo; e incluso en unos casos lo que se encontraba era la buena intención de una promesa.

Escribir, uno: e investigar, dos, es un asunto al que, en general, el grupo no estaba muy acostumbrado. Lo que prima en la mayoría es un denodado trabajo de exploración artística, en diversos planos, o bien, igualmente, el eco de algún trabajo que cada quien llevó a cabo en la universidad pero que no fue precisamente la principal preocupación en su momento.

No obstante, un hilo conductor jugaba las veces de un hilo de Ariadna. Se trata del interés sincero y denodado de todos y cada uno de los miembros del grupo por las relaciones entre arte y ciencia, y la exploración de las fronteras de ambas o de cada una de ellas. Pero, al mismo tiempo, a la exploración de las relaciones entre sistemas bióticos y abióticos; entre vida y no-vida. Como se observa, el mejor de los hilos de Ariadna posibles. 

Por consiguiente, cuando hablamos, aquí, de complejidad, hacemos referencia explícitamente a las ciencias de la complejidad.

El pensamiento complejo no sabe de estética y lo poco que afirma sobre la misma –como es el caso, notablemente de D. Najmanovich-, es de corte eminente o distintivamente antropocéntrico. Las ciencias de la complejidad comportan, de manera distintiva, una comprensión o una actitud biocéntrica –mucho más que antropomórfica-, al interior de la cual, desde luego, quedan inscritas las preocupaciones por el ser humano en general. Esta observación requiere un comentario puntual.

Las ciencias de la complejidad permiten una aproximación a la estética que logra avanzar muchos pasos -¡muchos!- con respecto a la estética clásica; esto es, la estética de corte kantiano y hegeliano, la cual afirma que la belleza es un asunto humano y que depende del observador. Pero nada puede decir de la belleza de la naturaleza, la belleza misma de la ciencia, puesto que queda circunscrita a la esfera del arte, punto. En varios de los capítulos que componen este libro aparece esta consideración.

Una estética de la complejidad, primera manera de decirlo; una estética modo complejo, segunda forma de establecerlo; en fin, una estética que sabe de complejidad (y viceversa), tercer modo de ponerlo de manifiesto; pues bien, en cualquier caso, las relaciones entre complejidad y estética saben –deben saber- de multiplicidad, diversidad, lógicas no-clásicas, transformaciones –transiciones de fase de primero y de segundo orden-, de emergencia, impredecibildad, cisnes negros y autoorganización, por ejemplo, como fenómenos, sistemas o comportamientos cruzados comunes a la sociedad, a la naturaleza, y a la propia ecología de saberes y de conocimientos. De manera tajante, una estética que sabe de complejidad –o al revés- no sabe para nada de jerarquías, órdenes rígidos, centralidades o linealidad – en cualquier acepción o matiz que se prefiera.

La complejidad de un sistema consiste exactamente en los grados de libertad que exhibe o que tiene un sistema o fenómeno; y de lo que se trata para los y las complejólogos es de aumentar los grados de libertad –allá donde son inexistentes-, o bien aumentarlos –allí donde son incipientes o bajos- de tantas maneras como quepa imaginar. Es exactamente en este sentido que pensar y vivir en complejidad consiste en indeterminar – los fenómenos, la vida misma, la sociedad, o aquello que sea de interés de los agentes.

Pues bien, estas fueron ideas-fuerza, si cabe emplear la expresión, que explícitamente fueron saliendo al aire en el curso de los encuentros del grupo de estudio e investigación. En un momento dado en la historia de este libro tuvo lugar el Festival 2020 de Suratómica. Pues bien, una de las Master Class fue sobre el tema general de este libro. Esa conferencia puede ser vista como uno de los nutrientes de este libro.

Este libro hace la constatación de tres hechos. Primero, que es posible trabajar, actualmente y hacia futuro en las relaciones entre estética y complejidad. Desde numerosos puntos de vista, el tema es crucial y existe un terreno amplio, abonado suficientemente amplio por un muy rico trabajo en ciencias de la complejidad en general, y por una pujanza y reinvención de las artes hoy en día.

 

Nadie ha abordado sistemáticamente y a profundidad el tema; he aquí una oportunidad. En segundo lugar, la estética misma parece haber quedado en un lugar secundario en la ecología del conocimiento. La razón, queremos conjeturar, se debe a que la estética clásica –aquella de corte, origen e impronta kantiana y hegeliana, entró en un callejón sin salida y perdió las luces para resolver la situación en la que se encuentra. El tercer hecho es que la ciencia y el arte, en general, asisten hoy en día, por diversos caminos, con diferentes justificaciones, e incluso con intereses disímiles, a un proceso de convergencia; o por lo menos de acercamiento. El futuro inmediato y a mediano plazo arrojará luces acerca de este escenario. No es este, por lo pronto, el lugar para evaluar con detenimiento aquel proceso. Pero sí es posible adelantar que la estética cumple el papel de enlace o “pauta que conecta”, para retomar una expresión de G. Bateson; pauta que conecta justamente al arte y a la ciencia.

Digamos, finalmente, de forma puntual, que hoy por hoy, el centro en el mundo en el trabajo sobre estética es Italia en general. Ciertamente que hay otros lugares donde el tema está siendo elaborado, reestructurado, reformulado, en fin, desarrollado; por ejemplo, en algún lugar de España, en alguna parte en Argentina, en México o en Colombia. Pero el mejor trabajo sistemático y a profundidad se lleva a cabo en la península italiana en general.

En cualquier caso, este libro puede ser visto como la respuesta que aceptaría la Esfinge: la estética y la complejidad constituyen un país promisorio. Este libro es o bien la llave que abre la puerta, o la nave que conduce, a ese país, por así decirlo. Su espíritu es distintivamente interdisciplinario, como corresponde, y es el resultado de un encuentro primero, un diálogo luego, y finalmente una unión de intereses, horizontes, historias de vida, posibilidades. En todos los casos, el tema de base es uno solo. El de mayor complejidad posible, el más difícil y apasionante, el más sensible y atractivo, en fin, incluso, el más peligroso y digno: la vida; la vida tal y como la conocemos y la vida tal y como podría ser posible.


 

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